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11 DE SETIEMBRE

11 DE SETIEMBRE

  
 

  
Si bien lo que vemos hoy en día en Siria, por ejemplo, deja en la comparación como un grano de arena la cantidad de muertos en las Torres Gemelas estas se yerguen en ausencia como uno de los símbolos más impactantes de la violencia moderna.
  
Que el mundo cambió aquel día es una frase trillada que en los hechos se profundiza cada día más. Luego de aquel atentado se ha entronizado la convicción de que no existirá nunca más un lugar seguro sobre la tierra.
 
 
 
 

 
 
Cualquier lugar del mundo, por más aislado y custodiado que parezca puede ser blanco de cualquier ataque criminal.
 
Si varios de estos no se han llevado a cabo no es porque no se hallan planificado sino porque no se han logrado superar las grietas de seguridad que pudieran haber en varios países del orbe.
 
Ante esto es imposible relajarse y menos abandonar la inteligencia y las medidas de seguridad. Nosotros como "occidentales" tenemos una concepción de la realidad y el tiempo demasiado fugaz. En cambio, los terroristas pueden esperar años sino décadas para ejecutar sus planes.
  
  
  

  
 
No es la primera vez que el hombre sufre esta violencia contra sí mismo. La historia está plagada de estas tragedias y destrucciones. El incendio de Roma, la quema de la fastuosa biblioteca de Alejandría, la bomba de Hiroshima, son sólo algunos arbitrarios ejemplos para refrescar la memoria y considerar que el atentado de las Torres se dimensiona más allá de lo coyuntural para llegar hasta la propia alma y genética humana.
  
Por eso al rememorar esta tragedia de las Torres Gemelas debemos recordar junto a los inocentes caídos en los aviones y edificios a todos aquellos que siguen cayendo en todo el mundo por una violencia egoísta e indigna.
  
¿Algo mejoró el mundo con este atentado? ¿Los terroristas lograron acabar con EE.UU.?
  
  
  

 
 
No. Al contrario. En la búsqueda de los culpables y hasta la muerte de Osama Bin Laden han muerto de ambos bandos más personas que las que murieron en las Torres. Como se sabe y es también trillado decirlo, "la violencia sólo engendra más violencia". En este caso fue penosamente cierto.
 
 
 

 
 
Por eso este 11 de setiembre se conmemora la muerte de más de 3,000 inocentes así como de otros tantos miles que cayeron simplemente por la incapacidad del hombre de ser feliz consigo mismo. Al menos mientras sólo el 20% de su cerebro esté del lado de razón y la evolución y el 80% restante aún buceé en los meandros del instinto y el salvajismo como herencia aún viva de nuestros violentos ancestros.
 
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