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TERREMOTO EN CHILE Y LOS DIOSES DE BARRO

 

   
 
 
 
" A SOLA FIRMA "
  
 
 
 
TERREMOTO EN CHILE Y LOS DIOSES DE BARRO
 
  
 
Si bien uno de los mayores logros del hombre en sociedad es la implementación de los derechos humanos tengo que aceptar con recogimiento que a la naturaleza no le interesan en lo más mínimo estos derechos, ni los practica, ni los conoce.
  
  
 

 
 
 
A la naturaleza no le afecta eliminar de un porrazo o un zarpazo, como gusten decirlo, a una familia entera y dejar vivo a uno solo, o a un niño de seis meses o a un anciano de cien años o eliminar a 200,000 personas con un latigazo de mar.
 
No le importa hacerlo de noche o de día, no tiene ninguna consideración de hacerlo con calor o frío, con fuego o nieve, en un minuto o en horas extremas de sufrimiento.
 
 
Sea por azar o divinidad, por mandato religioso o simple y fría geología, no le interesa las predicciones o los pronósticos. Cualquier ser vivo puede ser arrasado con la exacta dimensión de su pequeñez en el planeta y más aún en el universo.
 
Por eso mientras muchos humanos viven la ilusión del mundo material, un simple crack de piedras y rocas puede poner de rodillas a todo un país, como ha sucedido con Chile, y podría suceder aún peor aquí.
 
 
 
 

 
 
Mientras nuestros políticos viven la burbuja de la aceleración económica y TLCs y ni vieron que se venía Bagua, por ejemplo, y no disponen de un par de millones de dólares para tener una moderna alerta de sunami, la naturaleza puede en cualquier momento acabar con nuestras falsas ensoñaciones.  Chile, la joya económica de la región, la Inglaterra de sudamérica, ha visto cómo una sociedad puede degradarse al nivel de tribus y hordas saqueadoras en cuestión de horas y sin escalas sociales ni morales previas.
 
 
 
 

 
 
Eso porque también, al final de cuentas, el hombre es un animal con sus impulsos primitivos y originarios nadando en lo profundo del ser pero todavía vivos y violentos.
 
Sin olvidar que no somos sólo seres humanos y animales (ahora dicen los científicos en peligro de extinción) sino parte de la naturaleza misma, y así como eliminamos millones de otros animales, hormigas, cerdos, elefantes, etc., etc., la madre naturaleza puede eliminar a millones de nosotros cuando quiera (¿o a todos?).
 
 
 

 
El terremoto de Chile -entre otras recientes megatragedias- nos ha hecho recordar una vez más que no somos tan grandes ni poderosos como nuestros egos creen; al contrario, somos tan frágiles como cualquier otra especie y ante el poder de la naturaleza, somos -pobremente- como dioses de barro.
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